Aperitivos para empezar (melón con jamón, langostinos..)
Me encantan a la plancha
Fiambres con huevo hilado, canapés..
Tarta de leche merengada
Un año más pasamos la Nochebuena en familia con cosas muy ricas para cenar (el cochinillo no sale en las fotos pero estaba súper rico y la tarta triunfó) y tras el postre llegó el turno a ver que regalos había dejado Papa Noel este año. Por mi parte no puedo quejarme en absoluto:
Agenda 2016, Keep cup lovely, caja y cositas para el té
Foulard y vestido
Takenoko, Expansión Smash up y Dark Tales
- La nueva agenda anual de Mr. Wonderful - Una cesta-cofre marrón a la que ya asigné lugar - Una taza Keep cup (edición Mr. Wonderful) - Un vestido marrón - Un foulard lovely - Galletitas de mantequilla y azúcar rojo para el té. - Varios juegos que fueron para Óscar a los que yo también daré uso)
Abrigo con pelito
Arnés de calaveras
Detalle calavera
Dos comederos con huellas y huesos
Correa extensible
Por su parte de Zen no se olvidaron y estrena arnés de calaveras, correa nueva, comederos de acero inoxidable y abrigo calentito entre otras cosas.
Porque todo el año deberíamos celebrar los pequeños momentos de estos días... Y disfrutar de las pequeñas cosas que tantas veces pasamos por alto. Feliz vida...
Estás mayor. Sí, tú, ya sabes a quién me refiero. Y ojo no te
equivoques, no se trata de cumplir años, cumplir años es maravilloso.
Eso es hacerse mayor, una buena excusa para también hacerse grande.
Admiro a los ancianos, sobre todo por haber sabido sobrevivir. Siempre
les pregunto cómo lo han hecho. Y siempre me responden cosas distintas.
Fascinante, pero real.
Estar mayor es otra cosa. Se trata más
bien de envejecerse. Apolillarse. Encerrarse voluntariamente en el
desván y bajar las persianas para dejar que las cosas ocurran sin ti.
Volverse un yonqui enganchado a tu propio pasado. Divorciarse del ahora y
volver con tu ex, que se llama un antes que no volverá. Te envejeces
cuando te separas del momento actual. Te envejeces cuando te quedas
mirando cómo te adelanta la vida porque has creído que ella corría más
que tú. Y te envejeces cuando crees que lo nuevo ya no va contigo. O
cuando por el simple hecho de ser nuevo, algo malo tendrá. Si aún
piensas así, date una vuelta por los cursillos de programación HTML para
la tercera edad. Y luego me cuentas qué tal.
Estás mayor cuando
dices que cualquier cosa ya no se fabrica como antes. Música, películas,
recetas, neveras o casas, da igual. Que todos los grupos se parecen a
los Beatles. Que nadie ha vuelto a hacer cine después de Hitchcock. Tú
dices que son gajes de poseer cultura y experiencia. Yo lo llamo
Complejo de Jorge Manrique. Afortunadamente que nada se hace como antes.
Cosas malas y cosas buenas las hubo siempre y siempre las habrá. Igual
que siempre existió el concepto de calidad. E incluso ese concepto tuvo
que cambiar, como el concepto de lujo, como el de cantidad. Hace siglos,
tener muchos hijos y que se murieran unos cuantos era lo que se
consideraba de lo más normal. Imagínate eso hoy día. Sigue pasando, no
muy lejos de aquí sigue siendo normal. ¿Y qué es lo único que ni cambia
ni debería cambiar? Los valores. Los grandes valores. La Justicia. El
Respeto. La Empatía. La Honestidad. Si me apuras, incluso estos
conceptos no han parado de ser puestos en entredicho frente a nuevas
prácticas y oportunidades que aún debemos debatir ya no en el terreno de
la técnica, sino en el de la moral.
Estás
mayor cuando dejas de actualizarte. Cuando crees que un día estudiaste,
y ya está. Cuando abandonas tu propia formación continua. Cuando dejas
de escuchar a tus inquietudes, que son tu propia Universidad. Porque
actualizarse es mantener la ilusión del niño que todos llevamos dentro y
que necesita de novedades para poder resucitar. Saberse ignorante es
sólo el primer paso. El siguiente es exigirse aprender siempre algo
nuevo, algo más. La cultura consiste en superar la fecha de tu
nacimiento. Conversar con gente interesantísima con la que ya no te
podrías sentar a charlar. Estás mayor cuando hablas de las
redes sociales como si fueran malas. Cuando te jactas de seguir
manteniéndote al margen de ellas. No porque no comporten consecuencias
negativas, sino porque las redes nos traen las mismas cosas que nos trae
la sociedad. De nuevo, cosas buenas y cosas malas. Gente que usa la
herramienta para cortar carne y gente que abusa de la misma herramienta
para clavársela a los demás. Y no por eso juzgamos a los cuchillos. Son
los delincuentes los que deben ser ajusticiados, no los instrumentos que
nos ayudan a comunicar. Estás mayor porque has perdido curiosidad. Y
porque, aunque tú no estés, que sepas que igualmente estás.
Estás
mayor cuando dices que no hay que compartir jamás lo que a uno le
ocurre. Cuando sentencias, así con voz profunda y solemne que la vida
privada no hay que publicarla en ningún sitio y bajo ningún concepto.
Que se está perdiendo el concepto de intimidad. Y lo que demuestras es
que no entiendes que ha nacido un nuevo concepto de entorno, un círculo
inédito en la historia de la humanidad: la intimidad pública. Ya no
somos lo que tenemos, ni siquiera lo que estudiamos, ahora somos lo que
decidimos compartir. Y por lo tanto, eso implica que también compartimos
lo que sentimos, lo que nos duele, lo que nos hace felices, lo que nos
hace diferentes, lo que nos hace soñar. Y debemos hacerlo, en la medida
de lo posible, siendo fieles a la realidad. Vale, de acuerdo, tratar de
camuflarla, filtrarla y embellecerla lo más que podamos, pero con un
sustrato y una base de máxima autenticidad. Porque si no, aparte de que
nos pillarán enseguida, dejaremos de ser nosotros mismos. Nos
convertiremos en mentirosos sociales, o lo que es peor, marcas blancas
de nosotros mismos, substituibles, commodities. Y entonces también
conoceremos un nuevo concepto de soledad.
Para terminar,
tampoco te vengas abajo, porque para que haya gente que innova, siempre
tiene que haber gente que esté mayor. Es el motor de la humanidad.
«Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y
todo el mundo escribe libros». La cita, con la que abrí Urbrands, mi último libro, es de Marco Tulio Cicerón, siglo I aC.
No seas imbécil. Ni desaprensivo. No
hagas posible que dentro de unos meses algunos te mentemos a la madre
al cruzarnos con el resultado de tu indiferencia y tu estupidez.
Piénsalo mucho antes de dar el paso irreversible; de complicarte una
vida que luego pretenderás solucionar por el camino más fácil. Aún
puedes evitarlo. Impedir que te despreciemos, e incluso despreciarte a
ti mismo cuando te mires en el espejo. Ya sé, de todas formas, que el
autodesprecio es relativo. Tarde o temprano, hasta con las mayores
atrocidades en la mochila, siempre nos las apañamos para ingeniar
coartadas, justificaciones. Conozco a pocos que, hagan lo que hagan
-desde faenas elementales hasta cargarse al prójimo-, no acaben
durmiendo a pierna suelta tras unos pocos ejercicios de terapia
personal. Aun así, permite que te lo explique antes de que ocurra,
primero, y después se te olvide. Resumiendo: intenta no convertirte,
innecesariamente, en un hijo de la gran puta.
Sé que tus niños quieren un perro.
Que les hace una ilusión enorme y te dan la matraca desde hace mucho.
Que tu hija, por ejemplo, te hace babear cuando te abraza y pide una
mascota. O que te acabas de separar de tu legítima, y crees que
regalándole al crío un animal, y paseando con él los fines de semana,
podrás recuperar el terreno perdido, o no perderlo en el futuro. Hay mil
razones, supongo. Un montón de circunstancias por las que has pensado
comprar un perro estos días, para tus hijos. O para tu mujer. Tal vez
para ti mismo. Un perro en casa, por Navidad.
Déjame contarte, porque de eso sé algo. He tenido cinco perros, así que calcula.
Y no hay nada en el mundo como ellos. No hay compañía más silenciosa y
grata. No hay lealtad tan conmovedora como la de sus ojos atentos, sus
lengüetazos y su trufa próxima y húmeda. Nada tan asombroso como la
extrema perspicacia de un perro inteligente. No existe mejor alivio para
la melancolía y la soledad que su compañía fiel, la seguridad de que
moriría por ti, sacrificándose por una caricia o una palabra. He dicho
muchas veces que ningún ser humano vale lo que un buen perro. Cuando uno
de nosotros muere, no se pierde gran cosa. La vida me dio esa certeza.
Pero cuando desaparece un perro noble y valiente, el mundo se torna más
oscuro. Más triste y más sucio.
Es muy posible, naturalmente, que aciertes. Que,
tras pensarlo bien, tomes la decisión y asumas las consecuencias con
feliz resultado. Que comprar un perro para tus hijos, para tu mujer o
para ti sea un acierto. Que su compañía cambie vuestra vida para bien.
Que os haga más conscientes de ciertas cosas. A menudo, un perro acaba
haciéndote mejor persona. Te hace sentir cosas que antes no sentías. Sin
embargo, no siempre es así. Un perro en el lugar inadecuado puede
volverse un drama. Una incomodidad para ti y los tuyos. Y una tragedia
para él.
Permíteme imaginar lo que podría ocurrir. Que vayas a
la tienda, elijas a un perrito delicioso, y eso te valga gritos de
alegría y besos familiares. No hay nada tan simpático como un
cachorrillo. Al principio todo serán incidentes graciosos y situaciones
tiernas. Luego, si vives en piso pequeño o lugar inadecuado, las cosas
pueden ser diferentes. Un perro exige cuidados, gastos, paseos,
limpieza, comida. No aparece y desaparece cuando conviene. Es un miembro
de la familia con derechos y necesidades, que exige pensar en él cuando
se planean vacaciones, e incluso una simple salida al cine o a un
restaurante. A eso añádele la educación. Un perro mal educado puede
convertirse en una pesadilla familiar y social. Además, cada uno, como
las personas, tiene su carácter. Punto de vista y maneras. Eso exige un
respeto que no todos los humanos somos capaces de comprender.
A estas alturas, sabes dónde voy a parar. Si eres de
esa materia miserable de la que estamos hechos buena parte de los seres
humanos, acabarás abandonándolo. Un viaje en coche a un campo lejano,
una gasolinera, una cuneta. Abrir la puerta para que baje y seguir tu
camino, acelerando sin atender los ladridos del chucho que correrá tras
el automóvil hasta quedar exhausto, desorientado, incapaz de comprender
que su mundo acaba de romperse para siempre. El resto no hace falta que
lo detalle, pues lo sabes de sobra: él nunca lo haría, y todo eso. Los
niños preguntando dónde está el perrito, papi, y tú oyendo aún esos
ladridos que dejabas atrás. Avergonzado de ti mismo, o tal vez no. Ya
dije antes que un rasgo del perfecto hijo de puta es arreglárselas para
que sus actos acaben por no avergonzarlo en absoluto. Así que voy a
pedirte un favor. Por ti, por mí, por tus hijos. Antes de ir a la tienda
de mascotas esta Navidad, mírate al espejo. Y si no te convence lo que
ves, mejor les compras un peluche.
24 de diciembre de 2012. Arturo Pérez Reverte
Publicado hace 3 años pero perfectamente aplicable a cualquier época.
Como otros años os comparto mis reflexiones del año en curso:
Lo más emocionante: Poder cambiar el tratamiento para la Esclerosis múltiple; pasar de inyecciones a pastillas (yuhu!!!) Lo más emotivo: La boda de mi hermana Laura el 20/06, mucho tiempo preparando todo para ese gran día.
Lo más sorprendente: Conocer en persona a Carlos Hernández, Rosario Raro, Teresa Perales y volver a ver a Albert Espinosa.
Lo más divertido: Hacer alguna escapada al Monasterio de Rueda (enero), Calaceite (marzo) y en verano a La Pineda y Valencia. Lo más triste/doloroso: La pérdida de Nacho Mirás, sin conocerlo personalmente sentí que perdía a alguien importante.
Lo más gracioso: Sentir que no puedo parar con la decoración (cambio de la terraza y algún cambio en cocina y aseo)
Lo más feliz: Poder tocar, acariciar, besar y estar cerca de las belugas en Valencia, junto al resto de animales todo un día (morsas, delfines, leones marinos, focas...). Siento debilidad por las belugas y se cumplió uno de mis sueños. Para repetir.
Lo más coñazo: No tener vacaciones este año pese a que se trataba de una buena causa, volver al plano laboral :) :) :)
Lo más extraño: Cortar mi larga melena 26 cm en verano, convirtiéndolo además en una buena causa donando ese pelo para pelucas de gente que está pasando por un cáncer.
Lo más inteligente: Seguir yendo al teatro a descubrir obras increíbles como "El triángulo azul", "Ligeros de equipaje" o ver en directo a Goyo Jiménez y volver a ver en concierto a Joaquín Sabina. Gente a la que admiro. Lo más curioso: Seguir descubriendo nuevas series que me tienen enganchada, entre ellas "The Affair" y "Jessica Jones".
Hoy he decidido decorar la casa con algunos motivos navideños y unos cuantos enanos que se han apoderado de diversos rincones despertando los celos de Zen :) Os dejo algunas imágenes de decoración navideña; el belén de Playmovil lo hemos puesto también a pesar de que no hice foto. ¿Habéis decorado vuestras casas?
Un atril vacío en el primer debate a 4-1 acaba siendo más elocuente y
más comentado que el mismo debate; eso nos da cuenta de los tiempos en
los que nos ha tocado vivir. Y me llevo una.
Sí, puede que haya
gente a la que le dé igual añadir o sustraer, seguro que piensan que el
número final es lo único que cuenta. Pero no es así. No es lo mismo
llegar a tres sumando candidatos de uno en uno que restando el que
siempre nos falta. No es lo mismo un procès que quiere ir a Mas
que un debate que todos sabemos que está mermado, venido a menos. En el
caso de números que representan personas, saber a ciencia cierta de
dónde vienes importa tanto o más que el hecho de saber hacia dónde vas. Y
me llevo dos.
Hay ausencias y ausencias. No todas las no
presencias se llevan igual. Porque no todas importan lo mismo, no nos
vamos a engañar. Si todas las almas pesaran 21 gramos, no haría falta
conocer la calidad de la gente, nos bastaría llegar a una determinada
cantidad. Por eso hay ausencias más presentes que los presentes y luego
hay ausencias que nadie nota, porque nadie se ha dado cuenta de que en
realidad no están. Y me llevo tres.
Después está la ausencia por
compromiso. Hay sitios donde no queda bien ir. Aunque te encantaría, no
está correcto, no está bien acudir. O si lo haces, puede que quedes como
un inconsciente, o peor aún, como un idiota. Como si te vas a jugar al
dominó con un grupete de ancianos cuando has dicho que no acudías a los
debates con tus contrincantes por tu agenda tan apretada, que como
presidente del Gobierno te es imposible de cuadrar. Y me llevo cuatro.
Qué
más. Ah, sí, está la ausencia con presencia incluida. Ésta es de mis
favoritas. Como cuando estás ahí pero no estás. Como cuando llevas un
buen rato leyendo un libro sin procesar lo que lees y tienes que volver a
empezar. Como la CUP en Catalunya, que al final votará sí habiendo
defendido a muerte el no. Saber hacerse trampas al solitario, cualidad
básica de cualquier buen catalán. Como cuando tu pareja te repite por
tercera vez la misma cosa y en vez de interrumpirle, tú prefieres
asentir muy fuerte y desconectar. No estás escuchando lo que te digo, y
tú respondes tirando de memoria auditiva, que es mucho más tramposa que
la visual. Y me la llevo con ahínco, porque así paso a llevarme seis.
En
cierta ocasión, un guionista de Hollywood me explicó que la diferencia
entre un simple actor y una estrella de cine era que el primero no
alteraba la escena cada vez que aparecía en pantalla, así que nadie le
echa de menos cuando se va. Uno es tan grande como la ausencia que deja
tras de sí. Y me llevo siete.
Para terminar, está la ausencia del
que jamás se fue. Es la ausencia más incómoda de todas, pues parece que
se quedó ahí sólo para recordarte la mediocridad de los que aún no nos
escapamos. Ellos son Obi-Wan Kenobi y nosotros somos Luke en Star Wars. Sabemos que el listón lo marcaron entonces, y también sabemos de buena tinta que sólo les podemos decepcionar. Me llevo ocho.
De
ahí que sea cual sea el CIS, las encuestas, los barómetros y los
sondeos, nos pongamos como nos pongamos, lo peor que nos puede pasar es
que al final todas estas ganas de cambio, de regeneración democrática y
de nueva etapa en España se quede en nada, en agua de borrajas. Que la
mayoría vote a los de siempre para que todo siga igual. Cosa que me temo
que es lo que va a pasar.
Y ya no podremos hablar ni siquiera de fin de saga. Sino de precuela final.
El jueves asistí a un curso de la firma de maquillaje MAC, impartido por Paqui, que venía de Sevilla a contarnos las novedades en maquillaje para este otoño/invierno y algunos trucos para el día a día. La profesora maquillaba a una de las asistentes mientras las demás íbamos repitiendo los pasos en nosotras mismas comprobando los resultados. Me gustó la clase pese a que el maquillaje me pareció en algunos puntos recargado, por ejemplo los labios borgoña cuando estoy acostumbrada a llevarlos en tonos claros, pero fue una experiencia muy positiva. A la salida compré en el stand dos productos de la firma, de la cual he probado más cosas que me han dado buenos resultados.
Os dejo unas fotos para que veáis el resultado y el "face chart" o donde tomábamos notas.
Este sábado estuvimos en el Teatro Principal viendo Ligeros de equipaje, una obra que me encantó ya que durante hora y media estuvo llevada a cabo única y exclusivamente por dos actores de forma exquisita, convirtiéndose en diferentes personajes (abuelo y nieto, mujer, policía,...) en un continuo juego entre el pasado y el presente. Una delicia para los sentidos y que llegaba a estremecer y a tocar de lleno al espectador. En 1939 casi medio millón de personas cruzaron a través de los
Pirineos la frontera francesa. En aquel éxodo había restos del ejército
republicano, pero también población civil, muchas mujeres y niños. La
mayoría iban a pie. Los caminos estaban colapsados. 30.000 personas al
día cruzando la frontera. El sur de Francia no se preparó para una “invasión” de ese calibre.
Ni lo esperaban, ni fueron capaces de preverlo. En aquel momento, vivían
en el sur de Francia 250.000 personas. Los españoles fueron despojados
de todo en la frontera. Muchos no volvieron nunca. Algunos murieron de
frío, otros por los bombardeos o en los campos de concentración
franceses. Ligeros de equipaje pretende, con una historia de ficción creada con
multitud de crónicas y testimonios reales recuperar la verdadera
historia de cientos de miles de personas. Una historia casi olvidada,
perdida en el tiempo.
La cadena de supermercados alemanes Edeka ha creado un anuncio navideño;
en él podemos ver a un ancianito que llega a su casa cargado de bolsas
de la compra acompañado de su perro, mientras escucha mensajes y
felicitaciones de sus hijos que le anuncian que no podrán ir a celebrar
las fiestas con él porque están lejos, porque tienen que trabajar, etc. Día tras día, se ve cómo cena solo, mientras la tristeza y soledad se reflejan en su rostro. De
repente, llegan esquelas y mensajes a los hijos, de que su padre ha
muerto. Entre lágrimas y de luto, todos vuelven al hogar familiar, pero se encuentran una sorpresa...
Justino es guardia de seguridad en una fábrica de maniquíes. Al trabajar
en el turno de noche nunca coincide con sus colegas de trabajo, pero
irónicamente pasa sus noches rodeado de figuras humanas. Su soledad y
sus ganas de compartir le llevan primero a interactuar con los propios
maniquíes, y más tarde a comunicarse a través de ellos con sus
compañeros del turno de mañana. En su afán por hacer cosas por los
demás, Justino se llegará a olvidar de sí mismo pero el destino querrá
que sus compañeros no se olviden de él. (Extraído de Loterías y apuestas del Estado)
Un anuncio diferente a lo que estamos acostumbrados a ver para el Sorteo de Navidad. ¿Qué os parece?
Vaya por Dios. Compruebo que hay algunos idiotas -a ellos
iba dedicado aquel artículo- a los que no gustó que dijera, hace cuatro
semanas, que lo del Islam radical es la tercera guerra mundial: una
guerra que a los europeos no nos resulta ajena, aunque parezca que pilla
lejos, y que estamos perdiendo precisamente por idiotas; por los
complejos que impiden considerar el problema y oponerle cuanto legítima y
democráticamente sirve para oponerse en esta clase de cosas.
La
principal idiotez es creer que hablaba de una guerra de cristianos
contra musulmanes. Porque se trata también de proteger al Islam normal,
moderado, pacífico. De ayudar a quienes están lejos del fanatismo
sincero de un yihadista majara o del fanatismo fingido de un
oportunista. Porque, como todas las religiones extremas trajinadas por
curas, sacerdotes, hechiceros, imanes o lo que se tercie, el Islam se
nutre del chantaje social. De un complicado sistema de vigilancia,
miedo, delaciones y acoso a cuantos se aparten de la ortodoxia. En ese
sentido, no hay diferencia entre el obispo español que hace setenta años
proponía meter en la cárcel a las mujeres y hombres que bailasen
agarrados, y el imán radical que, desde su mezquita, exige las penas
sociales o físicas correspondientes para quien transgreda la ley
musulmana. Para quien no viva como un creyente.
Por eso es
importante no transigir en ciertos detalles, que tienen apariencia banal
pero que son importantes. La forma en que el Islam radical impone su
ley es la coacción: qué dirán de uno en la calle, el barrio, la mezquita
donde el cura señala y ordena mano dura para la mujer, recato en las
hijas, desprecio hacia el homosexual, etcétera. Detalles menores unos,
más graves otros, que constituyen el conjunto de comportamientos por los
que un ciudadano será aprobado por la comunidad que ese cura controla.
En busca de beneplácito social, la mayor parte de los ciudadanos
transigen, se pliegan, aceptan someterse a actitudes y ritos en los que
no creen, pero que permiten sobrevivir en un entorno que de otro modo
sería hostil. Y así, en torno a las mezquitas proliferan las barbas, los
velos, las hipócritas pasas -ese morado en la frente, de golpear fuerte
el suelo al rezar-, como en la España de la Inquisición proliferaban
las costumbres pías, el rezo del rosario en público, la delación del
hereje y las comuniones semanales o diarias.
El más siniestro
símbolo de ese Islam opresor es el velo de la mujer, el hiyab, por no
hablar ya del niqab que cubre el rostro, o el burka que cubre el cuerpo.
Por lo que significa de desprecio y coacción social: si una mujer no
acepta los códigos, ella y toda su familia quedan marcados por el
oprobio. No son buenos musulmanes. Y ese contagio perverso y oportunista
-fanatismos sinceros aparte, que siempre los hay- extiende como una
mancha de aceite el uso del velo y de lo que haga falta, con el
resultado de que, en Europa, barrios enteros de población musulmana
donde eran normales la cara maquillada y los vaqueros se ven ahora
llenos de hiyabs, niqabs y hasta burkas; mientras el Estado, en vez de
arbitrar medidas inteligentes para proteger a esa población musulmana
del fanatismo y la coacción, lo que hace es ser cómplice, condenándola a
la sumisión sin alternativa. Tolerando usos que denigran la condición
femenina y ofenden la razón, como el disparate de que una mujer pueda
entrar con el rostro oculto en hospitales, escuelas y edificios
oficiales -en Francia, Holanda e Italia ya está prohibido-, que un
hospital acceda a que sea una mujer doctor y no un hombre quien atienda a
una musulmana, o que un imán radical aconseje maltratos a las mujeres o
predique la yihad sin que en el acto sea puesto en un avión y devuelto a
su país de origen. Por lo menos.
Y así van las cosas. Demasiada
transigencia social, demasiados paños calientes, demasiados complejos,
demasiado miedo a que te llamen xenófobo. Con lo fácil que sería decir
desde el principio: sea bien venido porque lo necesitamos a usted y a su
familia, con su trabajo y su fuerza demográfica. Todos somos futuro
juntos. Pero escuche: aquí pasamos siglos luchando por la dignidad del
ser humano, pagándolo muy caro. Y eso significa que usted juega según
nuestras reglas, vive de modo compatible con nuestros usos, o se atiene a
las consecuencias. Y las consecuencias son la ley en todo su rigor o la
sala de embarque del aeropuerto. En ese sentido, no estaría de más
recordar lo que aquel gobernador británico en la India dijo a quienes
querían seguir quemando viudas en la pira del marido difunto: «Háganlo,
puesto que son sus costumbres. Yo levantaré un patíbulo junto a cada
pira, y en él ahorcaré a quienes quemen a esas mujeres. Así ustedes
conservarán sus costumbres y nosotros las nuestras».
28 de septiembre de 2014. Arturo Pérez Reverte
PD: Escrito hace un año y que puede servir en días como hoy, cuando todo el mundo llora por el terrible atentado anoche en París... ... yo no tengo palabras
1. Mi nuevo poncho gris que compré ayer (también piqué 3 cosas de Rituals) 2. Café hecho con mimo 3. Me encanta esta pizza de espinacas 4. Burguers y patatas, The Good burguer 5. Trufas Lacasa 6. Probando la caja Degustabox 7. Enroscado durmiendo 8. Mi nueva taza kawaii de gatito 9. Vemos en el cine "El último cazador de brujas"; a mí Vin Diesel me tiene enamorada :)
Una canción que escuché en la serie que estoy viendo. El primer vídeo, la canción original. El segundo, escena de la serie.
I changed the lock on my front door so you can't see me anymore
And you can't come inside my house, and you can't lie down on my couch
I changed the lock on my front door
I changed the number on my phone so you can't call me up at home
And you can't say those things to me that make me fall down on my knees
I changed the number on my phone
I changed the kind of car I drive so you can't see me when I go by
And you can't chase me up the street, and you can't knock me off of my feet
I changed the kind of car I drive
I changed the kind of clothes I wear so you can't see me anywhere
And you can't spot me in a crowd, and you can't call my name out loud
I changed the kind of clothes I wear
I changed the tracks underneath the train so you can't find me again
And you can't trace my path, and you can't hear my laugh
I changed the tracks underneath the train
I changed the name of this town so you can't follow me down
And you can't touch me like before, and you can't make me want you more
I changed the name of this town
I changed the lock on my front door, I changed the number on my phone
I changed the kind of car I drive, I changed the kind of clothes I wear
I changed the tracks underneath the train, I changed the name of this town
I changed the name of this town
I changed the name of this town
- Poner una reclamación en Primor y que lo solucionen súper rápido, el viernes me trajo el mensajero el nuevo producto y se llevó el defectuoso. - Probar los productos de la Degustabox octubre. - Ver los capítulos de la temporada 2 de The Affair. - Comprar 2 bolsas de caramelos en una tienda de toda la vida. - Comprar galletas de jengibre y un calientamanos para el invierno. - Té de coco y chocolate, descubrimiento de hace poco en Tea Shop.Prepararlo en casa con un poquito de leche. - Estrenar la taza de gatito que compré la semana pasada. - Quiero más frío para estrenar el poncho-jersey verde militar. - Paseo por el centro el sábado 31 con parada en Fnac, El corte inglés, Puerta Cinegia, Tiger, Vips... viendo a nuestro paso gente disfrazada de Halloween. Cena en Udon. Café en El criollo. - Mirar gafas de sol - Dudar entre qué agenda 2016 compraré este año (Uo vs Mr Wonderful) - Volver a comer hojaldre relleno de morcilla entre otras cosas ricas. - Estrenar un jersey nuevo de patitas (lovely 100%) - Chocolate con churros con amigos el domingo 1 y compra de reno y deportivas. - Entrar a Natura y enamorarte de unas zapatillas de oveja calentitas. - Película en casa, Las brujas de Zugarramurdi, Domingo 1/11 22h. - Estudio de la Ley 30/92 :S - Lectura de La luz de Candela - Deseando estrenar las sábanas aztecas de franela que compré hace poco (esperaré a que venga más frío) - Ojear decoración en el catálogo de H&M Home. - Pensar en ir al cine a ver la de Vin Diesel, El último cazador de brujas. - Enamorarme de muchas cosas de Mr Wonderful mirando su web, especialmente de las tazas Keep cup.
ALGUNAS DE LAS FOTOS DE MI BLOG ESTÁN SACADAS DE DIVERSOS LUGARES DE INTERNET. SI ALGUIEN SE SIENTE OFENDIDO O MOLESTO NO DUDE EN DECIRMELO Y LAS RETIRO.