jueves, 11 de junio de 2015

Desgenerados




Desgenerados. Somos todos unos desgenerados. Porque todo lo de la generación anterior ya no sirve. Porque todo lo que nos contaron los que había antes ya no está. Porque seguro que no lo hicieron con mala intención, pero sí con funestas consecuencias. Porque nos han dejado en pelotas ante la vida y ante lo que se suponía que teníamos que hacer. Porque el manual de instrucciones nos salió caducado de fábrica. Y porque nadie queda al otro lado para responder. Este call center está cerrado por derribo. Esta garantía se nos quedó sin sellar. Este negocio está traspasado al vertedero de los fracasos. Y ese consejo que te dieron ahora sabes que se autodestruirá.

Desgenerados. Ni los cincuenta son los nuevos cuarenta. Ni los cuarenta son los nuevos treinta. Ni los treinta son los nuevos veinte. Ni los veinte son los nuevos diez. A lo tonto a lo tonto nos estamos cargando el concepto de edad. Una fantasía que al menos permitía separar a la gente por experiencia y por tanto nos ayudaba a relacionar. Aquí ahora ya nadie controla lo que está haciendo porque nadie sabe muy bien hacia dónde va. Por eso hay niñatos a punto de jubilarse y por eso hay viejos que aún utilizan cremas contra el acné juvenil. Tanto un adolescente como un venerable anciano pueden pronunciar a la vez y con sentido la frase fatídica de la muerte en vida: yo ya no tengo edad.

Desgenerados. Estudia muy duro y sacarás buenas notas. Gradúate y harás carrera. Consigue una carrera y tendrás trabajo. Consigue un curro y tendrás una profesión. Ejerce tu profesión y ganarás dinero. Gana dinero y algún día te podrás retirar. Retírate y podrás disfrutar de tu jubilación. Jubílate con honores y disfruta de tu pensión. Cuando todos los eslabones de una cadena se rompen sin excepción, lo que te queda ya no es cadena ni es nada, inútiles trozos de metal que ya no sirven ni para tirar ni para amarrar. Lo que te queda es un puñado de fracasos encima sin responsables a los que echarle la culpa. Lo que te queda dicen que es fruto de la causalidad. Já.

Desgenerados. Porque aunque hagamos oídos sordos, las relaciones de nuestro entorno no hacen más que naufragar. Parejas de toda la vida que parecían indestructibles. Parejas que jamás hubieras dicho que estaban tan mal. Parejas que empezaron todas sin la más mínima intención de acabar. Y sin embargo ahí están todas. Abandonadas en la cuneta de las relaciones accidentadas. Por un tercero, en un segundo, ahora vete y diles que lo importante es participar.

Todos zarpamos creyendo que podíamos seguir la brújula de la cabeza y la del corazón, y así no hay forma de navegar.

En este mundo de desgenerados, lo interesante ya no es sólo mirar hacia atrás. Hay otros desgenerados que vienen después de nosotros que déjalos correr también. Porque si nosotros lo tuvimos chungo por creernos una realidad que ya jugaba a otra cosa, imagínate ellos, que han tenido unos mayores que no hemos sabido ni a qué jugar.

Tengo la sensación de que hemos sido el ejemplo perfecto de lo que no deben hacer. Creerse a pies juntillas lo que nos enseñaron nuestros mayores, sin cuestionarlo, sin ponerlo en cuarentena, sin saber si lo estábamos haciendo mal. Y total, para qué.

Desgenerados. La única buena noticia de todo este lío es que nunca existió un cambio generacional. Lo que existen son individuos que están solos y que siempre mueren en soledad. Y luego están individuos que se juntan para dejarse la vida en hacer que las cosas cambien. Que las cosas salgan. Que las cosas avancen. O retrocedan, da igual. Pero que las cosas jamás se queden como están.

Esos son los individuos que merecen la pena.

Esos son los individuos que hay que saber encontrar.

Porque importa un carajo a qué generación pertenecen.

Porque importa un carajo su edad.

Risto Mejide. 7 de junio de 2015