domingo, 25 de octubre de 2015

Vamos de paseo




Pí. Pí. Pí. En un auto nuevo. Pí. Pí. Pí. Pero no me importa. Pí. Pí. Pí. Porque llevo torta. Pí. Pí. Pí. Si tienes más de 30 años, trata de leer estas líneas sin canturrearlas. Y si tienes menos, búscalas en Google o mejor aún, en Youtube. Las he cambiado un poco, sí.

Porque vale, igual el coche no es del todo nuevo, pero si tenemos en cuenta que lleva menos de 40 años de democracia, como Estado aún nos podemos considerar unos pipiolos. Así que lo llamaremos de ocasión. Mentiremos para venderlo y añadiremos que su estado es impecable. Que siempre ha dormido en garaje. Y eso sí, con alguna que otra rayadita a la altura de Catalunya.

Los que vamos dentro somos nosotros, y más que de paseo, del viaje que nos ha pegado la crisis esta que se pegó como hongos en una piscina pública: nadie sabe muy bien de quién los pillamos, pero no hay manera de que se marchen. De ahí lo de la torta, que como es una canción infantil no podemos hablar de soberana hostia. Y sin embargo, y a pesar de todo, es al volante donde está ocurriendo el merdé. Se aproxima un posible cambio de conductor el próximo 20-D. Un bájate tú que ya me pongo yo un ratito, siendo un ratito 48 meses y un día.

De un lado, dos partidos que ya agotaron su carné por puntos de sutura. Llevan tanto tiempo turnándose, que incluso han olvidado las normas de tráfico, o mejor, las han interpretado como les ha dado la gana. Se han saltado líneas rojas, continuas, varios ceda el paso y más de un stop.


Saltarse las reglas

 

La corrupción es otra forma de pensar que te puedes saltar todas las reglas porque al fin y al cabo nadie te va a pillar. De hecho, cada vez que les pillaban, sobornaban al urbano de turno para hacer como si aquí no hubiera pasado nada. Los pasajeros hemos descubierto con estupor que encima conducían bien borrachos de poder, y que nadie tuvo arrestos de hacerles soplar a tiempo. ¡Viva el vino! Déjeme que beba tranquilo, mientras no ponga en riesgo a nadie… Por si eso fuera poco, el que nos ha traído hasta aquí lleva los últimos cuatro años con el freno de mano puesto. Anclado en el no diálogo, en los recortes, en el sí a todo a Frau Merkel y en la recuperación de los grandes números, tan grandes que jamás han cabido por el coladero que llegaba a la gente de a pie. Y es que claro, cuando estás parado y dentro de un coche, lo que tienes ganas es de joder.

Pero es que del otro lado están los novatos. Puede que tengan muy empollado el teórico, pero aún no se han sacado ni el práctico de ciclomotor. Y aun así, se postulan como única alternativa al volante. Uno no sabe si darles su confianza o una gran L verde en toda la espalda. Comprenderán que haya veces que, más que de votar, lo que tengamos ganas los ciudadanos es de bajarnos.

Risto Mejide. 21 de octubre de 2015